
La crisis económica golpea con fuerza a las empresas españolas sin distinción de sectores pero, ¿Y qué ocurre con los partidos políticos?
Es muy conocida la respuesta a la desafiante pregunta de cómo hacer pasar desapercibido a un elefante, a las 12 de la mañana de un lunes laborable por la Gran Vía madrileña y que suele intercalarse, entre otras, en los test de inteligencia: ¡En medio de una manada de elefantes!
Es decir camuflado.
La crisis económica golpea con fuerza a las empresas españolas sin distinción de sectores pero, ¿Y qué ocurre con los partidos políticos? Es evidente que sus ingresos por la obtención de votos y por las cuotas de sus afiliados pueden sufrir graves caídas debido a la abstención del electorado y porque con seguridad muchos afiliados no pueden pagar los recibos. Algo que debe estar poniéndolos en apuros financieros máxime teniendo en cuenta los elevados costes de personal en la nómina de sus pesadas estructuras partidarias y lo caro de su actividad política, entre otras una campaña electoral como en la que están inmersos. Que decir del déficit y de la deuda que deben estar acumulando. ¿Sabemos los electores cuanto debe cada partido político hoy en día y cuales son sus desfases económicos por cuenta corriente?
Sin embargo no se habla de ello. ¿Estarán consiguiendo financiación en condiciones de ventaja con respecto a las empresas del “común“? ¿Se estarán planteando hacer un ERE con sus “empleados”? ¿Irán a un plan de fusiones entre partidos, como los de las cajas de ahorros, hasta llegar a un partido único, aún cuando mantengan las marcas en el mercado? ¿Ya lo habrán hecho y no lo sabemos? ¿Habrán dado la consigna, como parece que hizo el partido laborista inglés, de que cada uno se busque ingresos atípicos?
Sean cuales fueren las respuestas a estas preguntas es evidente que lo están pasando mal. No puede ser de otra manera. Pero pasan por delante de nosotros, ¡camuflados!
Markus Leroy